| Dondequiera que se dé la
interrelación humana existe la posibilidad de que aparezcan conflictos entre
partes, ya sean éstas personas o grupos (equipos de trabajo, departamentos,
etc.) De hecho, todos hemos vivido la experiencia de entrar en conflicto con
algún compañero de trabajo o colega. Diferentes puntos de vista sobre un
asunto, intereses dispares al colaborar, percepciones distintas que llevan a
malos entendidos, etc., todos ellos son motivos para que surja el conflicto.
Y cuando surge, aquellas personas que nos parecían agradables, y a quienes
respetábamos y considerábamos, con quienes nos daba gusto trabajar, ahora se
convierten en nuestros adversarios. La comunicación se rompe, la cooperación
disminuye o desaparece por completo, el intercambio de información se retrasa
u obstaculiza; y todo ello menoscaba el trabajo en equipo, tan necesario hoy
en día para lograr los resultados. En verdad, la afectación llega a los que
nos rodean: colaboradores, clientes, proveedores. El conflicto puede
comportarse como una bola de nieve rodando por la ladera de una montaña.
En términos generales, los conflictos surgen de las diferencias en
necesidades, valores, motivaciones e intereses de las partes. Estas
diferencias, frecuentemente, nos complementan, pero pueden a llegar a un punto
en el que son tan extremas que entran en conflicto.
Pensemos en todas las ocasiones en que hemos estado ante conflictos con
colegas de otros departamentos, con compañeros de trabajo, con subordinados,
con jefes, etc. Recordemos alguno de esos casos en particular; y analicémoslo.
¿cuál fue el problema de fondo? ¿a quién más afectó? Si podemos responder a
estas dos preguntas, es muy probable que hayamos resuelto ese conflicto. Pero
si no encontramos una respuesta, posiblemente el conflicto subsiste; e,
incluso, puede haber resultado en el rompimiento definitivo de la relación con
esa otra parte.
Pero lo grave del conflicto no radica en su presencia. Es lo que hacemos
ante él lo que cuenta.
En un artículo escrito por Linda Adams, Presidente de Gordon Training
International, e hija de Thomas Gordon, autor de “Padres, Eficaz y
Técnicamente Preparados" (P.E.T.); nos dice:
El factor crítico en cualquier relación es cómo se resuelven los conflictos.
De hecho, es el factor más crítico de los que determinan si la relación será
saludable o no, si será satisfactoria o insatisfactoria para ambas partes, si
será amistosa u hostil, profunda o superficial, íntima o fría.
Y no hay que tomarlo a la ligera. Particularmente cuando el conflicto
ocurre con un colega de otro departamento con el cual debemos colaborar en la
rutina diaria, o con un familiar cercano –como el cónyuge o un hijo--, o una
amistad valiosa. Porque, la proximidad del nexo puede exigirnos que
continuemos en relación con esa parte, aún cuando estemos “molestos”,
“enojados”, “sentidos”, etc. Estará de acuerdo el lector en que hay pocas
cosas tan molestas como el tener que colaborar o trabajar en equipo con
alguien con quien no queremos estar.
Ahora bien, buena parte del problema que representa la presencia de
conflicto estriba, precisamente en esa aparente incapacidad de las partes para
resolverlo y restaurar la necearia relación.
El por qué de esta aparente incapacidad puede estar en nuestra propia
experiencia de vida; en lo que aprendimos de nuestra vivencia. Seguramente
todos tuvimos la experiencia de perder un conflicto cuando nuestros padres,
maestros o jefes usaron su poder para ganar a nuestra costa.
Y, con seguridad, todos recordamos el sentimiento de coraje, resentimiento,
desagrado, hostilidad que nos invadió ante tal situación. Curiosamente, a
pesar de conocer esto, cuando nos enfrentamos a un conflicto tenemos la
tendencia a actuar, si nos es posible, con la misma actitud de aquellos que
abusaron de su posición de autoridad. Pero sabemos, también que esta manera de
enfrentar a la otra parte está lejana de ser efectiva para manejar el
conflicto; por el contrario, es desgastante y agobiante, tanto para los
individuos, como para la organización a la que pertenecen.
Según el Dana Mediation Institute, organización dedicada al entrenamiento
en manejo y mediación en conflictos, un conflicto de este tipo puede
representar pérdidas multimillonarias, cuando se analizan los factores de
costo implícitos, tales como: Desperdicio de tiempo, costos de oportunidad del
mismo, disminución de la motivación y la productividad, ausentismo, pérdida de
talentos, sabotaje y vandalismo, reestructuración, costos de salud y
degradación en la calidad de las decisiones.
Un estudio entre ejecutivos encontró que 42% del tiempo gerencial se dedica
a resolver conflictos
Un manejo inadecuado del conflicto erosiona la relación y la hará más
difícil de sobrellevar, lo cual conducirá a más conflictos.
En cambio, un conflicto manejado constructivamente, desarrolla un espíritu
de trabajo en equipo, de logro, de unión y una identificación mutua que
permitirá trabajar con mayor coordinación y efectividad.
Hay tres pasos que nos conducirán al camino del manejo constructivo de los
conflictos:
1° Comprender los patrones y aspectos del conflicto; y conocer las opciones y
alternativas para manejarlo.
2° Identificar y entender el enfoque más típico o natural que tenemos
individualmente para manejar el conflicto.
3° Desarrollar las habilidades para afrontar el conflicto de forma
constructivo.
*escrito por Héctor Moguel (Consultor Asociado de Zeus Management
Consultants)
_____________________________________________________
Para mayor información:
Zeus Management Consultants
llozano@zeusconsult.com.mx
tel: (55)56-35-21-56
web: www.zeusconsult.com.mx
_____________________________________________________
Para mayor información:
Zeus Management Consultants
llozano@zeusconsult.com.mx
tel: (55)56-35-21-56
web: www.zeusconsult.com.mx
Artículo Completo ->

|